Pinamar se acostumbró a que su nombre se venda solo: el desafío de volver a generar motivos para venir

La concejal Romina Gemignani puso en discusión la falta de eventos propios y de una agenda turística sostenida. El planteo expone un problema que excede a la actual gestión: durante años Pinamar confió en la potencia de su marca mientras fue perdiendo acontecimientos, promoción y herramientas para romper la estacionalidad.

“No tenemos eventos que sean propios de Pinamar”. La frase de Romina Gemignani, presidenta de la Comisión de Turismo del Concejo Deliberante, sintetiza un problema que no comenzó con la actual administración municipal. Durante años, diferentes gobiernos fueron descansando sobre una certeza que alguna vez pareció suficiente: Pinamar se vendía prácticamente solo. El nombre, las playas, el bosque y el posicionamiento construido durante décadas garantizaban buena parte de la demanda. Pero mientras la ciudad confiaba en esa ventaja, también fue perdiendo acontecimientos que formaban parte de su calendario. El Desfile de Primavera, la Fiesta de Poseidón, los grandes desfiles de temporada o las pretemporadas de clubes son algunos ejemplos de una época en la que había razones adicionales para hablar de Pinamar y viajar a la ciudad. La discusión no pasa por reproducir hoy aquellas propuestas tal como eran, sino por recuperar esa capacidad de generar acontecimientos y aggiornarlos a una ciudad y a un turista que cambiaron.

El escenario actual es muy diferente. Pinamar ya no compite únicamente con Villa Gesell, Mar del Plata u otros destinos de la Costa Atlántica. Compite con escapadas regionales, ciudades de todo el país y, con determinados valores del dólar, incluso con vacaciones en el exterior. En ese contexto, esperar que el visitante siga llegando simplemente porque “es Pinamar” resulta cada vez más insuficiente. El desafío pasa por consolidar el verano, pero fundamentalmente por reconstruir un calendario de otoño, invierno y primavera con propuestas deportivas, culturales, gastronómicas, recreativas o de cualquier otra naturaleza capaces de transformarse en una razón concreta para viajar. Pueden ser municipales, privadas o mixtas. Lo importante es que exista una política que las piense, articule, promocione y les dé continuidad. Acompañar eventos organizados por empresas u ONG es positivo, pero no reemplaza una estrategia turística propia.

El contraste puede encontrarse apenas a unos kilómetros. General Madariaga, sin tener el perfil turístico ni la dependencia económica que tiene Pinamar de esta actividad, sostiene una estructura específica de Turismo y desarrolla durante el año acontecimientos capaces de convocar visitantes, algunos de los cuales incluso producen derrame sobre alojamiento y gastronomía de nuestra ciudad. Gemignani propone volver a jerarquizar el área turística local, hoy integrada junto a Cultura, Educación y Deportes, y aprovechar recursos como el mar para generar nuevas actividades. La discusión, sin embargo, es todavía más amplia: Pinamar necesita volver a producir motivos para venir. Porque tener una de las marcas turísticas más reconocidas del país continúa siendo una enorme ventaja, pero ninguna marca puede vivir indefinidamente de lo que construyó en el pasado.

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