Menos vendedores y nuevas reglas: así cambiará la venta ambulante en las playas

Pinamar estrenará este verano un nuevo régimen para ordenar la actividad en el frente marítimo. Habrá cupos por rubro, prioridad para residentes, capacitaciones, controles más estrictos y algunas actividades pasarán a funcionar mediante licitación. La reforma ya genera efectos antes de comenzar la temporada.

El paisaje cotidiano de la playa tendrá cambios durante el próximo verano. El Concejo Deliberante aprobó en agosto una nueva regulación para la venta ambulante que limita la cantidad de permisos, establece cupos según la actividad y endurece los requisitos para acceder a ellos. La ordenanza fue sancionada por 9 votos contra 5, después de varios meses de discusión entre el Ejecutivo, concejales y trabajadores del sector. El objetivo declarado es ordenar una actividad en la que durante años convivieron vendedores habilitados con una cantidad difícil de determinar de trabajadores sin permiso.

Uno de los principales cambios estará en la cantidad y distribución de vendedores. El nuevo esquema dejará alrededor de 140 permisos directos, aunque la comparación con temporadas anteriores no es lineal porque actividades de fuerte presencia en la playa, como helados, churros y medialunas, quedarán sujetas a sistemas de licitación. Como referencia, en enero de 2024 el propio Municipio informaba la existencia de 355 vendedores habilitados, mientras que durante el debate de este año se reconoció que solamente para churros, medialunas y chipá existían 69 permisos vigentes pero se estimaba que en la práctica trabajaban entre 300 y 400 vendedores.

La residencia también pasa a ocupar un lugar central. La regla general establece que los permisos estarán destinados a quienes acrediten residencia efectiva y continua en el Partido de Pinamar. El proyecto original generó una fuerte reacción en General Madariaga, desde donde numerosos trabajadores llegan históricamente a las playas durante el verano. Después de negociaciones entre ambos municipios se incorporó una excepción: los vecinos de Madariaga que ya contaban con permiso podrán renovarlo, pero la medida no abre el registro a nuevos solicitantes de ese distrito.

La intención de cerrar las excepciones ya empezó a verse. El 29 de septiembre el HCD recibió tres solicitudes de personas de otras localidades para poder vender en playa y decidió archivar las tres, argumentando que el espíritu de la nueva ordenanza es priorizar a residentes de Pinamar. También se discuten cuestiones prácticas para quienes sí cumplen los requisitos, como las demoras para obtener el monotributo social: los concejales analizan aceptar la constancia de inicio del trámite para que esa demora administrativa no deje afuera a un trabajador.

El cambio promete una playa con menos vendedores, mayor identificación y controles más estrictos, pero la verdadera prueba comenzará cuando llegue el verano. Reducir permisos no necesariamente significa reducir vendedores si la actividad informal continúa teniendo la dimensión que el propio Concejo reconoció durante el debate. El desafío será entonces doble: ordenar el espacio público sin cerrar una fuente histórica de trabajo y conseguir que las nuevas reglas puedan efectivamente controlarse cuando miles de turistas vuelvan a ocupar las playas.