El turista sigue llegando, pero deja menos: la señal que preocupa a la Costa de cara al verano

La temporada 2026 movilizó 8,2 millones de visitantes en la provincia de Buenos Aires, apenas 1,2% menos que el período anterior. Sin embargo, el consumo cayó 25,4% y las estadías se hicieron más cortas. Para los destinos costeros, el desafío de cara al próximo verano ya no pasa solamente por llenar alojamientos.

Durante décadas hubo un número que parecía resumir por sí solo el éxito o el fracaso de una temporada: cuánta gente llegó.

Ese indicador sigue siendo importante, pero empieza a resultar insuficiente para explicar lo que ocurre en los principales destinos turísticos bonaerenses.

Un relevamiento del Observatorio de Datos Estratégicos (ODE) volvió a poner números a un cambio que comerciantes, hoteleros y gastronómicos vienen percibiendo desde hace tiempo: los turistas continúan viajando, pero se quedan menos días y cuidan mucho más el bolsillo.

Durante la temporada estival 2026, desde el 1° de diciembre, la provincia de Buenos Aires recibió 8,2 millones de turistas, apenas un 1,2% menos que en el período anterior. Comparado con dos temporadas atrás, sin embargo, la reducción alcanza el 9,8%, equivalente a unos 889.000 visitantes menos.

Hasta ahí, la fotografía muestra una caída importante pero relativamente contenida en la cantidad de personas.

El problema aparece cuando se mira cuánto gastaron.

25% menos de consumo

Los registros difundidos por la Provincia muestran que durante la temporada el consumo retrocedió alrededor de 25,4%.

El informe del ODE también señala una fuerte contracción específicamente vinculada con la actividad turística y advierte que la combinación entre menor gasto y estadías más breves está reduciendo el impacto económico que genera cada visitante.

Es decir: una ciudad puede mostrar buenos niveles de ocupación y, al mismo tiempo, tener comercios, restaurantes y prestadores facturando menos.

Eso ayuda a entender una aparente contradicción que se repitió durante el último verano en distintos puntos de la Costa Atlántica.

Había turistas. Había autos. Había movimiento.

Pero eso no siempre se trasladaba con la misma intensidad a las cajas de los comercios.

De la quincena a la escapada

El segundo cambio está en la duración del viaje.

El relevamiento encontró comportamientos similares en destinos muy diferentes. En localidades como Marisol y Pehuén Co, por ejemplo, las tradicionales vacaciones largas fueron reemplazadas en muchos casos por permanencias de tres, cuatro o cinco días. Tandil llegó al 100% de ocupación durante Semana Santa, pero con una elevada rotación y numerosas familias permaneciendo apenas una o dos noches.

El fenómeno modifica la manera de leer las estadísticas.

Un alojamiento puede recibir distintas familias durante una misma semana y registrar un nivel elevado de ocupación, pero cada una de ellas permanecer menos tiempo y administrar un presupuesto mucho más limitado.

Para Pinamar, Villa Gesell, Cariló, Mar de las Pampas y las localidades del Partido de La Costa, esa transformación resulta particularmente importante.

Son destinos cuya economía depende en gran medida no solamente de conseguir que alguien llegue, sino de lograr que duerma, coma, compre, contrate servicios y realice actividades durante varios días.

Una actividad que pesa en la economía bonaerense

No se trata de un sector menor.

Según el relevamiento del ODE, el turismo representa alrededor del 5,2% del producto provincial, involucra cerca de 11.000 empresas y genera aproximadamente 130.000 puestos de trabajo.

Por eso, una reducción del gasto turístico termina extendiéndose mucho más allá de hoteles y balnearios.

Impacta sobre restaurantes, comercios, transporte, entretenimiento, trabajadores temporarios, proveedores y cientos de pequeñas actividades que dependen directa o indirectamente del visitante.

El desafío del verano 2027

Faltan todavía varios meses para enero, pero el próximo verano empieza a mostrar un desafío diferente.

Conseguir buenos porcentajes de ocupación seguirá siendo importante. Pero llenar camas ya no garantizará por sí solo una buena temporada.

Los destinos tendrán que competir también por extender las estadías, generar actividades, ofrecer experiencias y conseguir que el visitante encuentre razones para permanecer un día más.

En ese contexto empiezan a cobrar otra dimensión estrategias como “Mar y Campo”, impulsada conjuntamente por Pinamar y General Madariaga, o los grandes eventos que Villa Gesell utiliza para generar movimiento fuera de enero y febrero.

La competencia turística empieza a desplazarse de la cantidad hacia el tiempo.

Porque quizás la pregunta del próximo verano ya no sea únicamente cuántos turistas llegaron a la Costa.

Habrá otra igual de importante:

¿cuántos días se quedaron y cuánto pudieron gastar?