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El agua debajo de nuestros pies: el estudio que puede condicionar el crecimiento de la Costa
La Universidad Nacional de La Plata presentó un diagnóstico sobre las reservas de agua subterránea de Pinamar, Villa Gesell y La Costa. El trabajo busca establecer cuánta agua está disponible, qué factores pueden comprometerla y cómo proteger un recurso fundamental para el desarrollo urbano y turístico de la región.
Las ciudades de la Costa Atlántica llevan décadas discutiendo cómo crecer, dónde construir, qué servicios ampliar y cómo recibir cada verano a miles de visitantes. Sin embargo, hay una pregunta que pocas veces ocupa el centro del debate: ¿cuánta agua dulce existe realmente debajo de nuestros pies y hasta dónde puede acompañar ese crecimiento?
Esa pregunta comenzó a tener nuevas herramientas para encontrar respuestas. La Universidad Nacional de La Plata (UNLP) presentó los principales resultados de un diagnóstico hidrogeológico sobre las reservas de agua subterránea de los partidos de La Costa, Pinamar y Villa Gesell, tres municipios que comparten una característica determinante: su abastecimiento depende de los acuíferos del cordón costero.
El trabajo fue financiado por el Consejo Federal de Inversiones (CFI) y sus conclusiones generales se expusieron durante una reunión del Comité de la Cuenca Hídrica Tuyú Mar y Campo, realizada en Villa Gesell con participación de autoridades provinciales y representantes de cinco municipios.
No se trata simplemente de estudiar el agua que existe bajo la superficie. El objetivo es identificar la disponibilidad del recurso, sus limitaciones naturales y los efectos que pueden producir las actividades humanas, para establecer criterios que permitan protegerlo mientras las ciudades continúan desarrollándose.
Los médanos también son una reserva de agua
Una de las particularidades de la Costa Atlántica es que buena parte del agua dulce que utiliza su población se almacena bajo los suelos arenosos. Las precipitaciones se infiltran y alimentan reservas subterráneas que luego pueden aprovecharse mediante perforaciones.
Ese funcionamiento convierte al paisaje costero en mucho más que un atractivo turístico.
Los médanos, los espacios permeables y las características del suelo forman parte de un sistema natural que interviene directamente en la recarga de los acuíferos. Por eso, las transformaciones del territorio pueden modificar las condiciones de disponibilidad del agua.
Investigaciones anteriores de la propia UNLP ya habían estudiado la relación entre los cambios en el uso del suelo y la recarga subterránea en sectores de La Costa y Pinamar. También identificaron la importancia de la infiltración de las precipitaciones y la interacción entre el agua dulce almacenada y el agua salada del entorno costero.
En otras palabras, las decisiones sobre urbanización, forestación, impermeabilización del suelo y ocupación de determinados sectores no son independientes de la disponibilidad futura de agua.
Una región que multiplica su demanda cada verano
El problema adquiere una dimensión particular en los destinos turísticos.
Pinamar, Villa Gesell y La Costa tienen poblaciones permanentes que aumentan considerablemente durante la temporada alta. Esa concentración de visitantes implica una mayor demanda de agua en un período relativamente corto.
A diferencia de otras ciudades, donde el consumo puede distribuirse de manera más uniforme durante el año, los municipios costeros deben responder a fuertes variaciones estacionales.
El desafío consiste en garantizar el abastecimiento actual sin comprometer las reservas que necesitarán las próximas generaciones.
Y esa discusión se vuelve especialmente importante cuando se proyectan nuevos barrios, edificios, complejos turísticos y desarrollos inmobiliarios.
El crecimiento urbano puede generar oportunidades económicas y habitacionales, pero también exige evaluar si la infraestructura y los recursos naturales están en condiciones de acompañarlo.
El agua no reconoce límites municipales
La presentación del diagnóstico se realizó en el marco del Comité de la Cuenca Hídrica Tuyú Mar y Campo, integrado por Villa Gesell, Pinamar, General Madariaga, General Lavalle y el Partido de La Costa.
El encuentro reunió a representantes de la Autoridad del Agua bonaerense, funcionarios provinciales e intendentes de la región.
La exposición técnica estuvo a cargo de Verónica Guerrero Borges, directora de Planeamiento de la Autoridad del Agua, y Leandro Rodríguez Capítulo, investigador de la UNLP.
Además del estudio de las reservas subterráneas, se abordaron las previsiones vinculadas con el fenómeno de El Niño y los posibles escenarios de excedentes hídricos durante los próximos meses.
Son dos caras de una misma problemática: administrar adecuadamente el agua disponible y prepararse para situaciones en las que las precipitaciones puedan generar complicaciones.
Durante la reunión también se firmó un convenio entre el Municipio de Villa Gesell y la Autoridad del Agua para avanzar en la identificación y desactivación de obras hidráulicas no autorizadas.
La pregunta que sigue pendiente
La presentación del diagnóstico representa un avance, pero también abre nuevos interrogantes.
Los comunicados oficiales difundidos hasta ahora describen los objetivos y principales lineamientos del estudio, aunque no detallan públicamente una cifra total de reservas disponibles ni establecen cuánto crecimiento adicional podría soportar cada municipio.
Por eso, sería apresurado afirmar que el agua está por agotarse o que alguno de los distritos enfrenta una crisis inmediata de abastecimiento. Los datos conocidos no permiten sostener semejante conclusión.
Lo que sí queda claro es que la planificación urbana necesita incorporar información científica sobre la disponibilidad y la protección de los acuíferos.
El siguiente paso debería ser conocer los resultados completos, identificar las áreas más sensibles y establecer cómo se traducirán las recomendaciones técnicas en decisiones concretas de los municipios.
Porque discutir el futuro de la Costa Atlántica no consiste solamente en decidir dónde habrá nuevas calles, edificios o emprendimientos turísticos.
También significa garantizar que, dentro de veinte o treinta años, las ciudades que hoy proyectamos sigan teniendo agua suficiente para quienes las habitan.
Y esa discusión empieza mucho antes de abrir una canilla.



